martes, 7 de julio de 2015

De lo insensato

La vida es tremendamente maravillosa hasta que de repente son las 1 de un 8 de julio y te das cuenta de que son las 1 de un 8 de julio.

Y sí, parece que sí, que ya nadie va a pronunciar el maldito nombre con sabor a vino especiado, que era de esas cosas que pasan y pesan, pero sobretodo pasan sin dejar rastro. Que todo ese cúmulo de circunstancias que tenían que ver con el mundo, y con los fantasmas, y con que hoy no me has mirado mientras hacías como que me hamabas, porque tú ayer no me besaste cuando te dije que no te quería, y es una locura esa cama tan grande, y más locura es aún que parezca que no estás en mi camino.

Que parece que sí, que ya no escucharé tus sábanas, que el Sena no era tan grande, que nadie me hablará de los psicópatas por las calles, ni sabrán de nuestra extraña afición por elaborar asesinatos grotescos, ni nos mirarán de verdad a los ojos.
Nos vamos a terminar ahogando por separado y, pucha, cómo jode.





A pesar de ello sabemos, por esa conexión rara de ojos y vidas furtivas, que me sentaré a no hablarte con mucha fuerza.
Yo ya no sé si te has ido, si todo esto no son más que arranques histéricos con un fantasma, si será que el miedo te retiene en la almohada, si alguna vez quitarás al lobo que has puesto custodiando la palabra "noche", si conseguiré que dejes de llenar la habitación vacía, o es que sin querer a veces te da por hacerme el amor ahora que ya no nos queremos.
                                                    [sé que nunca sabré conjugar bien el verbo con el presente]

Los 8 de julio, cuando comienzan de madrugada, gritan "Septiembre" y las pretensiones de poeta no me dejan no soñarte. Y basta que se pronuncie el maldito nombre con sabor a vino especiado para que la ebriedad me inunde y no pueda contener las conversaciones que no deberían de narrarte.

Tranquilo, podremos seguir diciendo que todo es culpa de las perras negras, que tu risa fue lo único que recuerdan mis oídos, y que tú ya sólo me piensas cuando te descuidas.

Y dejemos que así la culpa sólo la tenga la literatura.

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